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March , 2010
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No es novedad para nosotros que tanto la filosofía como la religión de la India ...
También te creíste el cuento, que nos cuentan como historia? Que el Señor, ya por malo ...
La necesidad de una terapia basada en OIDA ¿Cuál es la diferencia entre el hombre ...
A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la industria farmacéutica ...
Cali, como cualquier ciudad de hierro y de fieras salvajes, cómo no, tiene su mezcla. ...
Observar el gigante universo que nos rodea, es como estar frente al altar del Infinito ...
La idea de la evolución es una negación total de la belleza, la dulzura y ...
Uno de los aspectos más importantes de vivir en el campo es enseñar la agricultura ...
Durante la temporada del monzón, con la tierra sedienta, por fin se recibe la tan ...
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El escorpión y el hombre

Posted by admin On Diciembre - 23 - 2009 ADD COMMENTS

Durante la temporada del monzón, con la tierra sedienta, por fin se recibe la tan esperada lluvia. Hay estrechos senderos con arroyos y riachuelos, y  una gran furia de los ríos. La cara  de la naturaleza cambia, y sin embargo, sigue siendo la naturaleza.

Pero, ¿y el escorpión? Él está en una mala situación, pues  ahora existe la amenaza de ahogarse en el agua. Él trata de volver a terreno seguro, pero no tendrá éxito. Afortunadamente algunas personas se acercan, y una de ellas reconoce la difícil situación del escorpión; entonces se inclina y le dice: “Mi querido amigo, usted está muy necesitado, y yo te voy a ayudar. Tienes que prometerme, que no me picarás”. “¡Por supuesto, te lo prometo; sólo ayúdame rápido!”,  pide el escorpión.
El ayudante ingresa unos pocos pasos al agua y toma al escorpión en la mano para llevarlo a tierra firme. Entonces, de repente, siente un intenso dolor, ¿Por qué hiciste eso?, ¡mi deseo es simplemente ayudarte! le pregunta al escorpión.
“Perdone, es mi naturaleza  picar”, dice el animal moribundo.
El hombre envolvió la mano con una toalla y nuevamente intentó sacar al animal. Sorprendido, le pregunta uno de sus compañeros:
¿Qué estás haciendo? ¿No ves que el escorpión te pica una y otra vez?”. El hombre le responde: “Sí, lo sé.”
“Y entonces ¿por qué extiendes tu mano? ¿Quieres que te pique de nuevo?”
“¡Yo no estiro la mano para que me pique, sino para ayudarlo!”. Puede que sea la naturaleza del alacrán picar, pero la mía  es la de ayudar.  ¿Debería cambiar mi naturaleza sólo porque otro tiene una naturaleza diferente? Así como el escorpión no cambia su comportamiento, yo no cambio el mío. Yo estoy simplemente tratando de consolidar  mi naturaleza, de modo que yo pueda continuar en la bondad y no tenga que volver a respirar en la piscina de mis malos hábitos.

Reencarnación

Posted by admin On Diciembre - 12 - 2009 ADD COMMENTS

No es novedad para nosotros que tanto la filosofía como la religión de la India y del oriente en general sustentan la reencarnación como un hecho evidente. Sri Krishna mismo nos da prueba de ello en su Bhagavad-Gita, donde dice: «Así como en este cuerpo el alma encarnada pasa continuamente de la niñez a la juventud y luego a la vejez, así mismo el alma pasa a otro cuerpo en el momento de la muerte. A la persona autorealizada no la confunde tal cambio» (B.G. 2.13) Este es sólo uno de los tantos textos en que el Bhagavad Gita explica el proceso de la reencarnación. Lo primero que Sri Krishna quiere hacernos comprender es que no somos este cuerpo, sino el alma espiritual que habita dentro. El cuerpo, nos dice Krishna, al igual que una vestidura, cubre al alma, pero cuando envejece, ésta lo cambia por uno nuevo. En especial en el principio de Su instrucción Sri Krishna deja claramente establecida la diferencia entre el cuerpo y el alma. Este cuerpo se divide en burdo y sutil y está constituído de energía material externa. El alma, por otro lado, es energía espiritual y dota al cuerpo de conciencia. La prueba sencilla de esto es la muerte, que significa la ausencia del alma en el cuerpo.

El común de la gente piensa que somos una combinación de cuerpo y alma pero lo que nosotros observamos en realidad es que seguimos existiendo como la misma persona a pesar de haber estado en cuerpos diferentes desde que nacimos. Conservamos el mismo nombre y el mismo número de identificación, esto es prueba de que somos la misma persona, pero es un hecho, de que nuestro cuerpo está cambiando continuamente, e incluso hemos existido antes y existiremos después de él.

El cuerpo es comparado con el agua y el alma con una gota de aceite; el agua puede arrastrar al aceite, pero éste nunca se mezcla con ella. De la misma manera en nuestro estado actual nuestra alma está condicionada por el cuerpo y se deja llevar por él. Su conciencia cubierta y confundida le hace creer que nace, envejece y muere, pero esas sólo son transformaciones del cuerpo, y podemos sentir que nuestra conciencia está limitada por ellas.

Si en realidad fuésemos cuerpo y alma, dejaríamos de ser junto con cada cambio de este cuerpo, pero esto es algo que no se da en realidad. Para una madre ese hijo que tiene en sus brazos será el mismo que después verá crecer. Es muy importante tener bien en claro esta separación absoluta entre cuerpo y espíritu. La única vinculación que existe entre ambos es a través del concepto ilusorio que me hace pensar que «yo soy este cuerpo». Pero cuando mi conciencia consigue cambiar y sacudirse esta ignorancia ilusoria y puede declarar con convicción que «yo no soy este cuerpo sino un alma espiritual, eterna y bienaventurada sirvienta de Dios», en ese momento se ilumina con plena sabiduría y rompe por completo los nudos del cautiverio material.

En otras palabras, cuando el espíritu identifica su ser con este cuerpo, su conciencia se materializa y se degrada, desarrollando diferentes apegos por el placer de los sentidos y del mundo externo. Pero cuando este mismo espíritu se concentra en su propia naturaleza y en su relación con Dios, puede saborear en plenitud la dulzura de la realización trascendental. Por ello encontraremos que todos los santos, en todos los tiempos, nos invitan a alejarnos de los intereses del cuerpo y buscar satisfacer el hambre del espíritu. Es fácil comprender esto desde el punto de vista filosófico, pero es necesario tener una verdadera realización de esto para poder vernos realmente libres de la sombra de ignoracia causada por nuestra identificación corporal. La comprensión cabal de esta verdad volverá al hombre un sabio y un espíritu resuelto en la búsqueda de la verdad. Sócrates quedó inmortalizado en el Fedón por enseñar a sus discípulos, y al mundo en general, su firme convicción de que él no era su cuerpo y que después de su muerte su espíritu de filósofo, liberado de las densas ataduras, podría elevarse y saborear esencias más sutiles. En resumen podemos encontrar en las enseñanzas de Sri Krishna que el alma es inmortal, distinta del cuerpo y preexistente a él. Es probable que estas dos últimas afirmaciones sean extrañas para un cristiano de esta época. Más a este respecto, podemos citar las palabras del Señor dirigidas al profeta Jeremías: «Antes de formarte a ti en el vientre, Yo te conocía a ti; y antes de que salieras del viente, Yo te santifiqué, y yo te ordené a ti como un profeta ante las naciones». (Jeremías 1.4-5). Pablo le escribió tanto a los romanos como a los efesios que Dios conocía a sus fieles y los favorecía incluso antes de que el mundo fuese creado. (Romanos 8.29-30; Efesios 1.4). Ambas citas evidencian el credo en la preexistencia del alma en la cristiandad. Incluso los primeros cristianos que creían en ella fueron conocidos como pre-existencialistas. Clemente de Alejandría fue uno de ellos y escribió con interés acerca de lo que llamó la Metemsomatosis «hemos existido desde el principio, -escribió Clemente en su Stromata- porque en el principio estaba el Logos… y Él tuvo compasión con nosotros desde el principio». En lo referente a que el alma es distinta del cuerpo encontramos enfatizado en la cartas de Pablo, cómo el espíritu es vestido con un nuevo cuerpo, y cómo la naturaleza eterna del alma y su relación con Dios se contrapone a la naturaleza temporal de la carne y del mundo material.

Con respecto a la reencarnación, los primeros cristianos la vieron con buena cara, ya que tenían contacto con la filosofía de Platón y su idea de la metempsicosis. «La doctrina cristiana era escencialmente platónica, -dice el Rvdo. Alvin V.P. Hart- hasta la época de Aquino en la cual la filosofía de Aristóteles comenzó a infiltrarse en la iglesia. Pero la iglesia influenciada por Platón, al igual que Platón mismo, firmemente apoyó la idea de la reencarnación. Yo creo que recién en el primer Concilio Ecuménico, o en el segundo Concilio de Constantinopla esta doctrina fue abolida. Esto fue en el siglo VI. Esencialmente fue abolida debido a un edicto papal el cual a su vez estaba influenciado por los líderes políticos de la época, de los cuales el más notable era el emperador Justiniano. También se consideró que si las personas pensaban que tenían más de una vida para volverse un cristiano perfecto, ellos podrían inclinarse por llevar una vida pecaminosa ahora pensando expiar en la siguiente. En base a esto fue decidido negar la doctrina de la reencarnación. Todos los textos fueron quitados de la Biblia…»

Orígenes (185 al 250 d.C), fue uno de los padres de la iglesia más sobresalientes. Su influencia sólo puede ser secundada por San Agustín. Orígenes enseñó que Dios crea espíritus, y que todos los espíritus son iguales. Todos tienen libertad. Algunos caen en el pecado, y se vuelven demonios. Este proceso de crecimiento o de involución es continuo. Un ser humano en el momento de la muerte, puede nacer como un ángel o un demonio. Sostuvo que las diferentes formas de vida corresponden a los diferentes grados de perfección e imperfección. Todos los hijos de Dios son creados libres e iguales pero recibieron su condición actual «como recompensa o castigo por la forma en la cual usaron su libertad». Orígenes afirmó que el alma por estar dotada de libre albedrío siempre puede rendirse a Dios. De allí la necesidad de la transmigración. La gracia divina fluye libremente, pero el alma debe libremente dirigirse a Dios, con la finalidad de recibirla. En su libro III de Los Principios, cap. 5, escribió: «Por alguna inclinación hacia el mal, ciertas almas toman cuerpos primero de hombres; luego, debido a la asociación con personas irracionales, nacen como bestias, de donde se sumergen al nivel de plantas. Desde esa posición ellos se elevan nuevamente y son reestablecidos en la posición celestial». Tanto Orígenes como Clemente de Alejandría, hablaron de un estado intermedio, considerando que era de castigo, entrenamiento y purificación. San Ambrosio, el maestro de San Agustín, dijo que las almas esperan el fin del mundo en varias «habitaciones», que varían de acuerdo con sus actividades en la tierra. San Agustín enseñó que las almas de los hombres son juzgadas de inmediato después de morir, y algunas van a un lugar de purificación. Santa Catalina de Génova (1447-1510) enseñó que cuando uno muere, de inmediato reconoce los impedimentos por los cuales no puede acercarse a Dios, y por lo tanto voluntariamente se entrega a la puri-ficación. Todas estas ideas son compatibles con la reencarnación. En fechas más recientes, Sir William Jones, un misionero cristiano del siglo XVIII escribió: «Yo no soy hindú, pero comparto la doctrina de ellos en lo referente a un estado futuro (reencarnación) como incomparablemente más racional, más piadoso, y más apropiado para alejar al hombre del vicio, que las horribles opiniones inculcadas por los cristianos acerca de un castigo sin fin». En realidad no podemos concebir la infinita gracia del Señor junto a un estado de condena eterna. A este respecto, el filósofo Francis Bowen, de Harvard, en su ensayo titulado «Metempsicosis Cristiana» admitió: «Una eternidad ya sea de recompensa o castigo, parece una ganancia inadecuada para el breve período de prueba en la tierra».

Sólo mediante los conceptos de karma y reencarnación podemos comprender claramente la justicia de Dios. En el evan-gelio encontramos a los apóstoles preguntándole a Jesucristo si un niño había nacido ciego por causa de sus pecados o debido a los pecados de sus padres. Por esta pregunta podemos entender que ellos tenían alguna idea de reencarnación, o de que uno recibe un determinado tipo de cuerpo de acuerdo a sus actividades pasadas. La filosofía védica nos habla de karma como la ley de acción y reacción, que es el principio de justicia universal de cuyas leyes la transmigración forma parte de manera lógica y natural. Por encima de este principio de justicia está el de la misericordia del Señor, que constituye la única esperanza de salvación para el alma condicionada. El día que el cristianismo vuelva a las enseñanzas de sus padres originales y pueda basar nuevamente su doctrina en la lógica del karma y la reencarnación, sin duda podrá presentar a sus fieles un credo más sólido, armonioso y liberado de los dogmas y misterios que lo suelen ensombrecer.

Triunfando en la Vida

Posted by admin On Noviembre - 24 - 2009 1 COMMENT

En algunos momentos de la vida nos preguntamos: ¿qué podemos hacer para ser exitosos, para triunfar? Muchos suponen que el triunfo se encuentra en los logros materiales, y buscan entonces la manera de conseguir un buen trabajo, un esposo guapo o una esposa bella, y demás bienes que les puedan facilitar las cosas en este mundo. También hay quienes se mentalizan para triunfar por las buenas o por las malas, y cuando no les salen las cosas, recurren a un brujo que les diga qué hacer, o depositan su fe en sortilegios para atrapar lo deseado.

El triunfo no se alcanza con el dinero. Y aunque no hay nada de malo en conseguir fortuna, a veces la experiencia de la pobreza puede ser productiva, pues hace recapacitar a las personas para no volver a cometer ciertos errores. Asimismo, hay personas que consideran la belleza como una señal de triunfo. Si esto fuera cierto, entonces la gente bella no estaría propensa a caer en profundos vacíos existenciales, y al mismo tiempo no existirían individuos que son estandartes de la sociedad pero no “gozan” de un lindo rostro. Ahora bien, el triunfo de la vida tampoco se consigue con los títulos universitarios. Cuánta gente ha obtenido su título con esfuerzo y se frustra porque tuvo que dedicarse a algo que no la colma o que no esperaba. ¿Será que el poder sí es una señal de triunfo? No. Nada de esto es suficiente.

Así como el triunfo personal, es natural que anhelemos lo mejor para los nuestros (nos preocupamos cuando se enferman, por ejemplo), pero no conocemos los valores que hay que cultivar para ayudarlos sustancialmente. Por extraño que parezca, los seres humanos somos expertos en buscar los triunfos y el bienestar sin la verdad, en la mentira, el engaño, la promiscuidad y a costa del sufrimiento de otros. Este proceder solo nos depara el fracaso: lo que uno siembra es lo que cosecha, reza la Escritura cristiana.

El valor más importante que debemos tener para triunfar en la vida es la noción de que la verdad y el amor no pueden estar separados. No hay mayor triunfo que convertirse en una persona veraz y amorosa, pues la verdad sin amor es pura especulación, y el amor sin la verdad es sentimentalismo o lujuria.

Para entender correctamente cómo se vinculan la verdad y el amor, se requiere la misericordia de la pareja divina, Radha y Krishna: el amor y la verdad en su máxima expresión. Su unión y entrega nos enseñan que debemos ser bienquerientes incondicionales de todas las entidades vivientes, pues hacen parte de la verdad absoluta, de Dios. En realidad todo hace parte de Dios: cada minuto, cada planeta, cada átomo del aire, cada pensamiento. En esto consiste el amor universal, en servir a la Creación. Esta verdad es demasiado grande para ser ignorada.

La conjunción de la verdad y el amor es lo que realmente reclama nuestro corazón. No se puede triunfar sin esto. El amor es la condición, el ingrediente básico y fundamental para cualquier unión productiva, pura y bondadosa. Amar es servir, preocuparse, atender, sacrificarse y proteger al otro. El amor es el triunfo que debe ser alcanzado por toda entidad viviente. (En ocasiones hasta tenemos que pasar por adversidades para darnos cuenta de que el amor lo es todo y que sin éste no podemos vivir.) El sentimiento de amor adquiere consistencia y se vuelve trascendental cuando nos esforzamos por convertirnos en instrumentos de Dios, cuyo amor por nosotros es ilimitado. Dios enseña la calidad del amor genuino, y en esa medida dicha verdad debe nutrir los sentimientos.

Fuimos creados por el amor de Dios, y por eso debemos ser instrumentos de la divinidad para distribuir su amor y bondad a los demás. Este servicio garantizará nuestro triunfo, así nos asalte la enfermedad, la vejez o la muerte. Todos somos partes y porciones de la verdad absoluta, y como el Señor Supremo es el más amoroso, todos necesitamos este afecto que el Señor ofrece generosamente. En cambio, si pisoteamos los derechos de los demás con maltratos o abusos, así sea en nombre del amor, tal adversidad al legado del Creador lo hará enojar y vendrán a nosotros lecciones ejemplarizantes.

Como hemos visto, el triunfo es algo muy elevado, que depende de la formación de la conciencia y la acción, al amparo del amor y la verdad. Se triunfa en la vida cuando triunfa el amor universal, es decir, cuando nos sacrificamos por los demás. Dar el corazón, la vida y el alma para que los demás puedan estar más cerca del amor de Dios, es la meta.

Uno de los grandes errores de los seres humanos es sustituir el amor a Dios por el amor a la esposa, los hijos o alguien más. Y peor aún, es tratar de apropiarse del amor de los demás, diciendo por ejemplo: “tu amor me pertenece; tú eres mi esposa, tú eres mi hijo; si tú no haces todo lo que yo digo, te despojaré de mis bendiciones”, etc. Esta grave equivocación nos impide ser amorosos y nos quita el derecho a ser amados realmente. Quien asume la posición divina les hace daño a los demás.

Nadie puede entregar tanto amor como Dios. La tarea consiste entonces en buscar la manera de poner a Dios en el centro de nuestras vidas y aprender a vivir en su amor. Esto es lo que tanto anhelamos. El triunfo de la vida y del amor empieza cuando nos refugiamos de todo corazón bajo la protección de un maestro espiritual, para acoger sus instrucciones y realizar actividades con la asociación de devotos interesados en servir a Dios y a todos.

Deseo que tú, mi lector, te realices en la vida, y que dicho triunfo te acompañe siempre. Que el triunfo, la alegría y el amor estén contigo. Verás que Krishna está en el corazón de todos y que espera a que tú te vuelvas amoroso y veraz. Ora, por favor:

Hare Krishna Hare Krishna
Krishna Krishna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare

(“Oh mi Señor, déjame ser un instrumento de tu amor)

Swami BA Paramadvaiti

La Vida Proviene de la Vida

Posted by admin On Noviembre - 23 - 2009 ADD COMMENTS

Observar el gigante universo que nos rodea, es como estar frente al altar del Infinito en forma de su espacio y tiempo eternos, con un funcionamiento tan perfecto que definitivamente nos convence de que la Conciencia Suprema es demasiado grande y completa. Y la vida, nuestra vida es un regalo divino y muy hermoso que proviene de este mismo Ser Supremo.

Lo más extraordinario en la vida es nuestra conciencia individual, es decir, nuestra capacidad de amar, sentir y desear; a esto se llama chitsakti o fuerza divina. Y esta conciencia individual o nuestra capacidad de amar y de sacrificarnos por una causa superior es el regalo más grande que Dios nos ha dado. Es la libertad para ser responsables y avanzar. Sin embargo, este gran regalo debemos dirigirlo hacia la trascendencia, hacia lo espiritual o la identidad de nuestro ser, pues cuando es dirigido hacia las cosas temporales nos causa mucha frustración y sufrimiento. Esto quiere decir que, más allá de este cuerpo físico, que es una máquina sofisticada que funciona por la interacción del cuerpo sutil: mente e inteligencia a través del sistema nervioso, está la posibilidad de vincular nuestra fuerza viviente con la trascendencia. Esa es la enseñanza de la Sabiduría Védica. Y el proceso para lograr esto es a través de la invocación de mantras (oraciones) y prácticas espirituales que transforman nuestra conciencia personal, identificada con lo material y astral, en una conciencia absorta en lo espiritual, alcanzando así la autorrealización e incluso la liberación de los repetidos nacimientos y muertes que experimentamos en estos cuerpos materiales.

Así, la Sabiduría Védica nos revela que nuestra vida y nuestra conciencia son un regalo de Dios que viene de la misma Vida Suprema. Y que la naturaleza (que es la fuerza externa de Dios) también tiene vida, al igual que el universo, los planetas, los animales, las plantas y los minerales. Pero ver o saber cómo funciona todo eso, es demasiado extenso para nuestro pequeño cerebro; sin embargo, podemos comprender que la vida proviene de la vida y que la individualidad proviene de la Suprema Individualidad. Así, el escéptico finalmente tiene que aceptar que la madre naturaleza es quien lo creó y quien lo está manteniendo; por lo tanto, debe admitir su total dependencia de fuerzas superiores.

De este modo podemos comprender que lo superior puede producir algo inferior pero no que algo inferior puede producir algo superior. Es decir, que la energía muerta, bajo ninguna circunstancia puede crear conciencia como especulan los científicos neófitos.

Las tradiciones espirituales nos explican que no somos este cuerpo material, sino la conciencia que se encuentra dentro de este cuerpo; la cual tiene la capacidad de descubrir la trascendencia, ya que la infinita creación material es insuficiente para nuestras verdaderas inclinaciones amorosas; es decir, que no podemos amar al tiempo ni al espacio, pero sí podemos amar al Creador y Mantenedor de todo.

De esta manera, la Sabiduría Védica nos revela que efectivamente, la vida proviene de la Vida y que esta Fuerza Suprema dadora de vida está muy cerca de nosotros en forma de Paramatma o Conciencia Suprema dentro de nuestro corazón. En otras palabras la omnipresencia del Creador reside en cada átomo y en cada ser como guía, testigo y bienqueriente permanente. Esto es lo que la Sabiduría Védica nos instruye por medio del estudio, la oración y la meditación. Aquel que practique una disciplina espiritual con sinceridad podrá percibir la presencia de la vida original y de la conciencia trascendental.

Aquellas personas que profesan la idea de que la vida y el universo son productos de un accidente, son los culpables del fatalismo y del egoísmo que traen como consecuencia tanta criminalidad y desesperación al mundo. Ellos deberían tener en cuenta que esa filosofía no ofrece ninguna esperanza o inspiración positiva para la humanidad. En tanto que la comprensión de que la vida proviene de la Vida y que tiene un propósito superior que puede ser alcanzado en esta etapa de la vida condicionada, por medio de la purificación y la conducta perfecta, nos permite tener una posición superior al fatalismo materialista tan de moda en la actualidad.

Debemos agradecer a la Sabiduría Védica por esta información de que la vida proviene de la Vida, de la Vida Suprema, que no es más que el mismo Señor Supremo, quien es conocido con muchos nombres en las diversas culturas, pero es el mismo Señor. Tal como compartimos el sol y la naturaleza en el mundo y para todos son los mismos; así también el Creador y Mantenedor de todos también es el mismo.

Swami BA Paramadvaiti

Vegetarianismo y antiguo cristianismo

Posted by admin On Noviembre - 13 - 2009 ADD COMMENTS

A menudo se utiliza la Biblia como fundamento, para ir en contra de argumentos éticos y biológicos que respaldan el vegetarianismo. Se dice que la Biblia respalda la suposición de que Jesús comió carne y que los animales fueron dados al ser humano como subordinados

Si Jesús comió carne y pescado o no, la historia no puede comprobarlo. Las interpretaciones bíblicas actuales parecen confirmar esa opinión.

Quien profundice mas en el estudio de la temática se va a dar cuenta que la interpretación subjetiva juega un papel muy importante. Así, los términos griegos: opsarion, broma, brosis, phago, brosimos, trophe, proshagon, resultaron estar mal   traducidos  y fueron inadecuadamente relacionados con términos como carne o pescado, aunque significan de manera general: alimento, guarnición o suplemento. Sin embargo y a pesar de saberlo, esto no es tomado en cuenta para las interpretaciones que se realizan actualmente.

Incluso en los casos en que las malas interpretaciones han sido ya aclaradas, este conocimiento no se tomó en cuenta en las traducciones de la Biblia, como se puede ver en el ejemplo del algarrobo (ceratonia siliqua). En Mateo 3.4. Se describe cómo Juan el bautista comía langostas en el desierto. Esta afirmación podría tener dos interpretaciones: por una parte podríamos hablar de un pan llamado enkris (en griego) o de akris que se traduce como saltamontes. Por otro lado, las hojas de la acacia, son para las langostas una golosina, así que a esta hoja se le dio el nombre de locusta en latín que se traduce al español como langosta migratoria.

El pan del algarrobo producido a partir de la harina de la planta sirvió a Juan como alimento. Y, por esto, se dio al pan el nombre de: pan de san Juan. El algarrobo y el pan de san Juan son ahora ampliamente conocidos en todo el mundo, pero el error humano en la redacción y la interpretación del texto bíblico no han sido corregidos.

Una situación similar existe con el concepto de los peces. En los países orientales (Japón, los países islámicos) todavía se producen bollos pequeños, horneados hechos con la harina de una planta acuática que se conoce como la “planta de pescado”. Estos bollos existían ya en la antigua Babilonia incluidos en la dieta diaria y también en la época de Jesús en donde se consideraban como un manjar. En relación al famoso milagro de la alimentación de las cinco mil personas, en el que se habla de pan y pescado es interesante mencionar que en los primeros manuscritos del Nuevo Testamento no se habla de peces, pero sí de pan y fruta.

Es sólo en los manuscritos bíblicos (a partir del siglo IV) que se habla de pescado en lugar de las frutas. En realidad, el termino pez fue por primera vez mencionado como parte del milagro en el codex sinaiticus. Pero la Biblia no es la única fuente de información sobre la vida y enseñanzas de los apóstoles y los primeros cristianos. Desde los inicios de la cristiandad, cartas, crónicas y sermones se han conservado, en los que se encuentran fuertes evidencias de que el vegetarianismo ha utilizado ampliamente en el antiguo cristianismo. Las siguientes citas sugieren que los apóstoles siempre han condenado el consumo de carne.

En las cartas Pseudoclementinas se citan enseñanzas atribuidas al apóstol Pedro. Pedro dice claramente en el Sermón XII: “La alimentación artificial basada en la carne es tan venenosa como el culto pagano de los demonios, con sus sacrificios y sus fiestas impuras. Mediante la participación en estas, el hombre se convierte en compañero de mesa de los demonios. En relación a sus propios alimentos Pedro describe: ” Yo vivo del pan y las aceitunas, y rara vez agrego algún vegetal.

Clemente de Alejandría, acerca de quién hablaremos más adelante, escribe acerca de Mateo, que había vivido solo de los alimentos vegetales y no tocaba jamás la carne (Paidagogus II, 1).

El Padre de la Iglesia y el obispo Eusebio de Cesarea (264 – 349 D.C), cita en su “Historia Eclesiástica” (II, 2,3) a Hegesipo el cual dice que: Juan nunca ha comido carne. La misma fuente también describe a Santiago el Menor (llamado también el “justo”) como alguien sagrado de nacimiento pues nunca tomó bebidas embriagantes ni comió cadáveres(II, 23,5.6).

Santiago (nombrado también en la Biblia como Jacobo) fue el líder de la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Es considerado como el hermano de Jesús según la doctrina evangélica y según la doctrina católica como primo de Jesús. Incluso Pablo, quien en la Biblia dió a las personas libertad de elegir su comida, está siendo citado en el Toledoth Yeshu que es una colección de antiguas fuentes judías acerca de la vida de Jesús: “Jesús me ordenó que no coma carne y no beba vino, si no que me alimente sólo de pan, agua y frutas, para que cuando el desee hablar conmigo yo me encuentre puro”

El hilo en común en cuanto a la renuncia a la carne se extiende desde los apóstoles, los antiguos padres de la Iglesia hasta las recientes órdenes o comunidades religiosas cristianas.

Similares declaraciones pueden ser encontradas en las escrituras de los primeros padres y escritores de la iglesia. Tertuliano (aprox. 200 D.C) se encuentra entre los escritores más antiguos de la iglesia. El divide a los cristianos en dos grupos: los verdaderos cristianos, quienes se abstenían de la carne y los “cuerpos sin alma” que incluían la carne en su dieta.

Clemente de Alejandría (150 – 215 D.C) es el distinguido fundador y director de la escuela catequética de Alejandría. En su trabajo Paidagogos trata de presentar la ética cristiana. En este mismo trabajo él habla acerca de un estilo de vida simple y también rechaza el consumo de carne  (Paidagogos II).

El primado de Constantinopla y el gran predicador de la Iglesia Griega San Juan Chrysostomus (345 a 407D.C), concluye que los líderes cristianos deben abstenerse de la carne para que puedan controlar sus cuerpos y que el consumo de carne es antinatural y venenoso (Homilía 69 sobre Mateo 22.1- 4)

San Agustín (354 – 430 D.C.) fue un profesor de la iglesia latina, que consideraba el consumo de carne como nocivo para los humanos. Él fue  obispo de Hipona desde el año 395 D.C y se dice que se mantenía únicamente de alimentos vegetarianos (Confesiones y vera religiones II).

Uno de los más reconocidos eruditos entre los Padres de la Iglesia latina, San Jerónimo (347 a 419 D.C.), habla claramente en contra del consumo de la carne: “El gozar de la carne de los animales estaba prohibido hasta el diluvio universal; desde el diluvio nos están dando los nervios y el apestoso jugo de la carne, en la misma manera en la que se dan las codornices al pueblo grosero del desierto. Jesucristo quien ha venido en el fin de los días, ha puesto el final de nuevo en el comienzo por lo que ahora  no es permitido el comer carne” (Libro I, Adversus Joviniano)

Debería sorprendernos, que en la Biblia actual, solo pequeñas partes de este claro entendimiento salgan a la luz. Sin embargo, Jerónimo es considerado como el autor de la Vulgata, la más utilizada traducción al latín de la Biblia.

Incluso los testimonios de los contemporáneos romanos están indicando que el vegetarianismo es común entre los primeros cristianos.  Séneca (5 AC – 65 D.C.) es un destacado representante de la filosofía estoica y tutor del emperador Nerón. Aunque entusiasta vegetariano, se aparto de su convicción. La razón fue la sospecha de Nerón de que Séneca fuera cristiano. Séneca escribe al respecto: “Ciertas religiones extranjeras (cristianos) son objeto de sospecha del emperador. La abstinencia de carne animal es considerada como prueba de ser parte de este extraño culto y superstición. Me veo a través de la petición urgente de mi padre a disponer lo necesario para volver a mis antiguos hábitos de comer” Séneca no pudo escapar a su destino y más tarde fue obligado a suicidarse por pedido de Nerón.

Cuando los cristianos fueron acusados de que estaban haciendo sacrificios humanos, ellos se defendieron diciendo: “¿Si  saben que a nosotros nos disgusta la sangre de los animales, como pueden creer que sentimos deseos de ver sangre humana?” Y el gobernador bizantino Plinio le confirma a su emperador Trajano (53 – 117d.c) en una carta que los cristianos se abstienen de comer carne (Ep lib.X.96).

Estos registros históricos prueban el hecho de que el vegetarianismo es enseñado y vivido en el cristianismo antiguo. Pero con el emperador Constantino en el siglo IV aparece un gobernante en el poder que hace que el cristianismo sea la religión del estado y que causa un gran impacto en la historia del cristianismo. Bajo su dictado la situación para los cristianos vegetarianos no fue muy diferente de lo que les sucedió con Nerón. Ellos debían tener temor de ser castigados como herejes, por que el credo del imperio Romano estaba basado en una interpretación de la Biblia que autoriza el consumo de carne. El castigo que Constantino les daba a los herejes capturados era muy cruel pues consistía en ponerles plomo derretido en la garganta.

Otro incidente revelador sucede en el año 692 D.C. Justiniano II convoca el Concilio Trullano (también conocido como el Quinisexto). Este concilio es esencialmente una confirmación y continuación de decisiones tomadas en concilios anteriores. Sin embargo, se han tomado algunas decisiones educativas que han sido diferentes de ciertas prácticas que ya estaban establecidas en el oeste. La iglesia romana no está dispuesta a cambiar esto y el Papa rechaza el conjunto de los reglamentos del Concilio Trullano. Una de las reglas, que aun es rechazada dice: “La sagrada Biblia prohíbe el comer sangre de animales. Un sacerdote que toma sangre, será castigado con la destitución y un laico con la excomunión”.

La persecución de los cristianos vegetarianos continúa incluso después del cambio de milenio. El conde de Hoensbroech escribe: “La asamblea de los obispos en Glosar en el año 1051 condeno a muerte a varios herejes  porque se habían negado a matar unos pollos, ya que esto correspondía a las actitudes de los cátaros de no matar animales. Incluso la apariencia de los acusados era suficiente para condenarlos como herejes, ya que su palidez se debía a que tenían un estilo de vida como el de los cátaros, quienes seguían una dieta exclusivamente vegetariana”. (El papado en su eficacia socio-cultural, edición popular, Leipzig, Breitkopf &Hartel 1904, página 35). A pesar del peligro para sus vidas los creyentes de la tradición cristiana una y otra vez levantaron la voz para establecer el vegetarianismo como parte de la ética cristiana y a causa de esto surgieron algunas órdenes cristianas como los trapenses, benedictinos, cartujos y cistercienses.

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