Mejores Consumidores, Mejor Nutridos
No han habituado a pensar que la pobreza está asociada con la mala alimentación, como un hecho sin remedio.
En Bután o Mali, ambos países pobres y de muy limitada agricultura, el 80 por ciento de las compras de mercado son cereales, féculas y leguminosas secas. En Bosnia, esta proporción se reduce a la mitad y se complementa con quesos grasos, aceites, alcohol y carnes; hábitos recientes y nuevas enfermedades.
La quinta parte de los norteamericanos son obesos por ingerir los alimentos inadecuados en proporciones inadecuadas (43% de sus hábitos alimenticios está basado en aceties, grasas, azúcar y alcohol) dentro de una sociedad altamente industrializada y tendiente al consumo en exceso.
Tras ellos, los mexicanos con mas más altas tasas de obesidad en el mundo desde la infancia misma. Más de la mitad del pueblo de México es obeso y padece ya enfermedades relacionadas con el sobrepeso (hipertensión, diabetes, desnutrición, aterosclerosis, enfermedades dentarias y cardiopatías, entre otros), reconoce el mismo gobierno en la última Encuesta Nacional de Salud. En menos de 10 años, la obesidad creció 77% en el país.
El segundo país consumudor de refrescos embotellados en el mundo es México; primero en obesidad infantil, segundo en adultos. Y no se trata de un asunto de estética; la vida saludable reduce un promedio de 6 años por ser obeso. Vea a su alrededor, recuerde la cantidad de gordos con que se encuentra en el trabajo, la tienda, su barrio.
La presencia de comida chatarra en las escuelas, la casa, la televisón, la tienda de la esquina y mediante el ambulantaje sólo tiene una solución definitiva: dejar de consumirla. La industria de los alimentos y su larguísimo proceso son un negocio millonario apoyado por los compradores que se procuran una vida malsana y contaminan el ambiente. Desde los productos químicos para dar sabor, los conservadores y el exceso de empaques contaminantes.
Los fabricantes de la basura envasada hacen ahora bolsas más pequeñas (infladas con aire para dar la impresión de más contenido) a precios proporcionales. Una paquete con 17 gramos (…usted compró 17 gramos de papas aceitosas, saladas, con colorantes y saborizantes químicos) por $3, los mismo que le cuesta proporcionalmente una bolsa de 37g en la tienda ($6.50) y una de 70g en el súper ($15). También hay galletas, dulces, fórmulas lácteas saborizadas, harinas cloradas teñidas de naturales, refrescos sin azúcar (pero con edulcorantes)… y más.
Mienten los industriales y miente el gobierno que dice regularlos. El secretario de salud reconoce que la desnutrición es una situacón endémica por “falta de nutrientes en los municipios con menor índice de desarrollo humano, obesidad, sobrepeso y trastornos de la conducta alimentaria”.
¿Quién recomienda a los mexicanos, particularmente a los más pobres, dejar de gastar en frituras, alimentos procesados? El gobierno no lo hace; los comerciantes y los industriales, menos.
La iniciativa tiene que provenir de nosotros los consumidores. Leamos todas las etiquetas de lo que consumimos. Usemos sólo productos frescos, son más baratos, sanos y en México se encuentran todo el año. Entre comidas, una fruta, una verdura fresca o deshidratada, o una pieza de pan integral son adecuadas. Yogur natural o agua. Tome agua fresca (natural no preparada con concentrados o polvos químicos) y jugos de frutas con la comida. Acostumbre a sus hijos a decir “no” a los alimentos industriales. Una persona puede nutrirse y alimentarse suficientemente con productos frescos y poco dinero.
Elimine el azúcar procesada. Por cada litro de refresco induce forzadamente a su cuerpo 25 cucharadas de azúcar industrial (Departamento de Nutriología de la Universidad Nacional). Esta dieta, por sí misma, le asegura aumentar dos kilos de peso corporal por mes. El refresco no aporta ni vitaminas ni fibra que el cuerpo requiere y sí contienen las frutas.
El azúcar que contienen los productos industriales envía señales engañosas al cerebro y eso impide que una persona se nutra. Mientras más azúcar circula por la sangre, la actividad cotidiana continúa, el azúcar se transforma en grasa corporal y los nutrientes no se incorporan al cuerpo.
“Si una persona consume azúcar frecuentemente a lo largo del día o sustituye algunas comidas por dulces y refrescos, ejemplifica la nutrióloga Rebeca Camacho, el cerebro no detecta que se requiere necesita comer y por lo tanto no se alimentará, teniendo como consecuencia la desnutrición.







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Posted on Abril 6th, 2010 at 19:09 pm